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El consumo humano de carne de caballo no es nocivo para la salud, pero no haber advertido de ello en el etiquetado es un  fraude.

[caption id="attachment_15319" align="aligncenter" width="259" caption="PIENSO RECOMENDADO"]PIENSO RECOMENDADO[/caption]  

El tema de haber encontrado carne de caballo en algunos productos que se pensaba que no la tenían ha ocurrido en varios países europeos y ha surgido por ello una cierta alarma.

 

De todas formas, hay que tener bien claro que el consumo humano de carne de caballo cuando se tiene un estado de salud normal no es en absoluto perjudicial. Si el estado en que uno se encuentra es de alguna forma patológico la nutrición debe ser controlada médicamente como puede ser el caso de la inconveniencia de tomar alimentos grasos, el disminuir los triglicéridos, no tomar alimentación con unos niveles de ácido úrico no aconsejado… Aún así, hay quien dice que la carne equina tiene valores nutricionales mejores que la carne de vacuno por menor contenido en grasa, mayor cantidad de glucógeno, más hierro, más vitaminas del grupo B, fósforo, magnesio, zinc, cobre… pero insistimos que ante la duda nutricional se debe uno alimentar por criterio médico.

 

Y se piensa por lo expuesto en el párrafo anterior que puede ser beneficiosa para los deportistas, si bien lo mismo nos hace recordar el doping de un deportista español del más alto nivel que dio positivo y que su defensa de forma prioritaria estuvo en que la sustancia dopante que se le detectó fue por la ingesta de carne vacuna que había sido tratada con la sustancia prohibida. Pudo ser cierto, pues los medios analíticos detectan cantidades insignificantes, y en el caso a que nos estamos refiriendo ha sido por ADN de caballo. Nadie puede negar que los animales se les administra sustancias para su mayor crecimiento o engorde que sí son perjudiciales para el hombre y que pueden dar positivo a productos prohibidos que mejoren el rendimiento deportivo.

 

El consumo humano de carne de caballo es ancestral y más en la cultura de algunos países que de otros, siendo en algunos considerada como un manjar. No lo es mucho en la costumbre española, si bien en otros tiempos las carnicerías dedicadas a carne de caballo estaban muy extendidas. De hecho, de nuestro país se exportan muchos caballos que en otros son sacrificados para el consumo humano.

 

Entonces habría qué pensar por la polémica suscitada -para muchos medios escándalo-.  Y la explicación se debe encontrar en que ha existido un fraude en cuanto a que el etiquetado de los productos motivo no contenían con exactitud los ingredientes, ocultando la carne de caballo o derivados del mismo.

 

Parece ser que las normas comunitarias obligan a que ello quede bien especificado en los productos preparados y en la venta de la carne fresca se tenga que decir el país de procedencia. Ello, como es lógico,  no obliga a la retirada de unos productos no nocivos para el ser humano, sino una gran falta administrativa que por supuesto engaña al consumidor.

 

El avance en los productos está marcado en el etiquetado en su composición cualitativa y cuantitativa, y también los productos ecológicos informan de ello.

 

Tal vez, algunos productos -no necesariamente de consumo- deberían de estar obligados a decir -es difícil que lo reconocieran- cuando están elaborados aprovechándose de las personas humanas sin guardar los requisitos humanitarios imprescindibles, y muchas veces con la explotación de la infancia.

 

El consumo de carne supone el sacrificio de los animales lo cual es triste pero posiblemente necesario, pero no debe conllevar el sufrimiento de los mismos, algo que normalmente ocurre, y aunque las leyes tratan de evitarlo sigue ocurriendo,  y a buen seguro con el tiempo habrá un cambio significativo al respecto.

         

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