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Unas competiciones descafeinadas imposibilitan las competiciones internacionales con decoro, y los más perjudicados son los deportistas...

 

El domingo pasado se disputó en el Club Villa de Madrid un Gran Premio de salto de la máxima categoría (CSN***), y es triste tener que decir que no fue bueno desde el punto de vista que tuvo un nivel bastante bajo. Que una competición ecuestre del máximo nivel nacional sea muy distante de lo que es la alta competición no es nada positivo. No se trata de hacer una crítica negativa sino de decir algo que es preocupante y que muchos así lo piensan y lo expresan.

 

Ante todo, hay que considerar positivamente a la organización, a los jinetes y propietarios por el esfuerzo que hacen y sobre todo reconocer el mérito del ganador y de los mejor clasificados.

   

No obstante, son los jinetes los más perjudicados, pues lo anteriormente dicho en el primer párrafo les dificulta en gran manera competir con éxito en las competiciones internacionales de una cierta importancia. Sólo los más adinerados compiten constantemente fuera y los que no lo son se tienen que contentar con unas pruebas totalmente descafeinadas.

 

En este caso se está hablando de salto, pero algo muy parecido ocurre en doma o completo.

 

El problema es de difícil solución, sobre todo porque existe una pescadilla que se muerde la cola: los patrocinadores es imposible que entren y los Comités Organizadores sólo pueden tener un rédito económico de las matrículas. Y, ¿quién es el perjudicado de ello?,  pues el jinete. Hay algo que está pasando los últimos años y es que ningún Comité Organizador quiere encargarse del Campeonato de España de salto y en caso de hacerlo las críticas son muchas y se tiene que beneficiar de las matrículas de las pruebas complementarias. Lo mismo es perfectamente comprensible, pero habría qué pensar en si debe primar la cantidad o la calidad.

 

La RFHE, con el Presidente que obtenga los cuatro años siguientes el mandato, tiene que cambiar la competición nacional de tal forma que la misma sirva para tener un cierto éxito en los internacionales.

 

Hay que distinguir bien los nacionales que son para poner caballos jóvenes, para jinetes noveles o  para competir y practicar el deporte -siempre es bueno- que nos gusta, pero en las competiciones nacionales de mayor nivel se debe pretender que se pueda aspirar a los internacionales con total decoro. Y esto último, no hay que engañarse, no es así.

   

La involución -algunas veces incluso el retraso- está en la competición ecuestre nacional española. Es un caso más de lo que ocurre en un país que está anclado en unos conceptos totalmente imposibles y desfasados que se pretende cambiar. Los cambios son necesarios en general, pues de no darse estamos avocados a un total fracaso.

 

Las situaciones graves precisan de cambios significativos, y los mismos son mal aceptados en un principio pues parece que nos quitan las prerrogativas que teníamos; pero no queda más remedio. Y además en el futuro existirá un panorama bueno para los jinetes.

 

La RFHE se ha anticipado a España en cuanto a que ha dado una importancia máxima a sus cuentas, impidiendo fundamentalmente que se gastara lo que no se tenía. Los resultados internacionales en el deporte ecuestre no son malos. Pero lo anteriormente no debe ser una excusa para que no siga habiendo cambios: la competición nacional la precisa.

 

Con toda seguridad, las competiciones que se realizan en España cumplen los requisitos legales, pero también con seguridad son subjetivas pues las dificultades y la idoneidad es algo de personas, de criterios y no de lo escrito.

 

Todo ello puede parecer a algunos que se va contra lo establecido y con los que con dicho sistema tuvieron éxito. No es así, el reconocimiento a los más veteranos debe estar presente, pero hay que aportar un panorama de ilusión para los jóvenes (¡hay muchos y muchos pueden ser muy buenos!).

 

Tampoco se debe olvidar que hay que abaratar las competiciones desde el punto de vista que la legislación vigente obliga a muchos oficiales, lo cual repercute en el bolsillo de los deportistas. Si todo el mundo opina que en España sobran cargos y sueldos, ¿cómo no vamos a pensar que sobren en lo ecuestre?  La gente tiene mucha razón en indignarse con todos aquellos que tienen un sobresueldo con sus actuaciones en las competiciones y en algunas ocasiones sus intervenciones no son para favorecer sino que ponen serias dificultades.

 

La cría nacional ha emprendido un buen camino: es indudablemente mucho mejor que la de antes de una forma totalmente contundente. Sin embargo, nuestros caballos mayoritariamente tiene mucho más éxito competitivo en otros países ¿Será su competición mejor que la nuestra?

   

Posiblemente habrá quien no piense igual. Las distintas opiniones tienen cabida en una sociedad democrática, pero no se deben usar en ningún caso maneras de pensar demagógicas, sobre todo en las ayudas del Estado a lo que son aficiones personales y anecdóticas en cuanto a repercusión general en un país con tantos parados, con muchísimas personas sin poder acceder a los más básico, con el recorte de los sueldos a los funcionarios, con la viabilidad de las pensiones en entredicho….

  José Padeira  

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