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En la mayoría de los casos los miedos son adquiridos, pero no se puede descartar que existan miedos innatos. Sobre lo mismo se realizan muchas investigaciones científicas pero queda mucho por saber al igual que en la posible medicación, que puede en la mayor parte de las ocasiones administrar sustancias dopantes.

 

Los muy diversos estudios realizados sobre las fobias, pánicos, miedos…implican que es un tema más corriente de lo que se puede pensar y que consecuentemente crea trastornos significativos en el comportamiento.

 

El miedo existe en los seres vivos, y lógicamente en el caballo.

   

En el miedo, como en otras muchas cuestiones, se habla del miedo innato y del miedo adquirido, y mayoritariamente se otorga creencia a una teoría y no a la otra. Muy posiblemente pueden existir las dos, si bien la mayor parte está a favor del miedo adquirido ante ciertas circunstancias en la explicación prioritaria de que es algo más fácil de ver.

 

Que el miedo tiene una representación cerebral en la zona de la amígdala cerebral  es un hecho demostrado científicamente.

 

El tema viene de antiguo y ya en el siglo XIX el fisiólogo ruso Ivan Paulov mostró al mundo los reflejos condicionados en cuanto a la salivación de los perros ante la comida, de tal forma (sin ser nada explícito) que salivaban ante un sonido cuando tenían hambre, ya que dicho sonido lo producía en la alimentación de los canes; algo bien sabido y de lo que nadie duda.

 

Más tarde -el año pasado- “Nature Neuroscience”, publicó un artículo de investigación con ratas en que los roedores ante un cierto sonido sufrían una descarga eléctrica y otro sonido que no les producía injerencias y entendiblemente al modo pauloviano identificaban con temor el sonido que les provocaba el mal. Observaron y demostraron que la actividad eléctrica de las neuronas era mucho mayor con el sonido que implicaba un hecho no deseado. De todas formas, observaron que un pequeño número de neuronas no distinguían entre un sonido y otro y con los dos se mostraban alteradas ("neuronas miedosas"). Sin embargo, cuando el sonido aumentaba perdían la distinción entre uno y otro y se demostraba gran intranquilidad. Vieron entonces que su amígdala había cambiado por completo en el sentido de que las neuronas habían perdido la capacidad de distinguir ente lo verdaderamente peligroso, y ello lo interpretaron como el apostar por lo seguro ("más vale prevenir").

 

También se sabe que los cambios de PH extracelulares a la amígdala producen cambios significativos respecto al miedo.

 

Estos ejemplos (hay muchísimos), si bien no están explicados detalladamente, pueden hacer entender que existe un componente orgánico en el miedo.

 

No obstante, aunque ello no hay que dejarlo de lado, la mayoría de los miedos son adquiridos. El caballo tiene gran memoria y no olvida aquellas circunstancias que le fueron negativas y ante la posibilidad de que se vuelvan a dar experimenta miedo y rechazo, que se manifiesta de muchas formas y una de ellas es la agresividad como defensa.

 

Unos párrafos más arriba hablábamos de los cambios del PH, y lo achacábamos a un organicismo. Pero pueden existir las dos teorías: ya que se puede pensar que hay cambios en la amígdala con los olores (el olor de los depredadores: la huida y el miedo).

 

Que el miedo causa cambios no sólo en nuestro comportamiento sino en nuestra fisiología es algo que todos sabemos: sudoración, taquicardia, temblores, cambios intestinales, sequedad de boca, cambios pupilares..., y en los seres humanos hay casos muy demostrativos como el ponerse el pelo blanco en tan sólo una noche, las úlceras de stress…

 

Hay algunas ocasiones en que circunstancias que parecen bastante normales nos hacen sospechar desenlaces fatales con el consiguiente miedo: esto no es sino una forma innata sobre lo que estamos hablando, de la cual queda mucho por conocer, y que hace pensar que la manera de mejorarlo puede estar en la medicación (de la verdaderamente conveniente tampoco se sabe mucho), y la que a veces se usa se cree que no va al fondo de la cuestión sino que disminuye los síntomas y signos. Y en la medicación puede existir el riesgo -casi seguro- de utilizar sustancias dopantes.

 

Lo expuesto puede hacer pensar que el caballo preferentemente tiene miedos adquiridos, pero no queda descartado que existan los innatos como lo vemos en algunos potros miedosos que han tenido las mismas experiencias vitales que otros que no solo no demuestran miedo sino que presentan una actitud de confianza y equilibrada.

 

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