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Fueron las fotografías realizadas por el inglés Eadweard James Muybridge a caballos de carreras de California por encargo de ex gobernador del estado Leland Stanford.

   

Hoy en día, y ya hace bastantes años, nadie pone en duda que el caballo realiza movimientos en que ninguna de sus extremidades toca el suelo.

 

El tema hace mucho tiempo fue motivo de polémica y comentarios, y no sólo por simple curiosidad sino porque el estudio abre campos de investigación importantes y, comprensiblemente, el impacto de las extremidades del caballo con el suelo es significado, como lo es la elongación, las demanda de oxígeno necesarias en muchas facetas… y sobre todo en una que ha preocupado siempre mucho que son las lesiones de los tendones que en la actualidad no están solucionadas y son motivo de numerosa investigaciones.

 

La cuestión a la que nos estamos refiriendo viene de hace muchos años y las de mayor evidencia son del siglo XIX.

 

En 1872 el británico Eadweard J. Muybridge, que había emigrado a Estados Unidos y era un experimentado fotógrafo, fue encargado de dilucidar mediante técnicas fotográficas la cuestión, pues había un claro enfrentamiento entre los aficionados californianos a las carreras. Defendía la teoría de que en el trote en extensión y en el galope largo el caballo no apoyaba ninguna de sus cuatro extremidades en el suelo, Leland Stanford que era presidente del Central Pacific Railway y de gran influencia en los medios de comunicación (fundó el que ahora es el periódico Washington Herald) y en contra la teoría contraria de James Keene (presidente de la Bolsa de Valores de San Francisco). Stanford pensó, entonces,  que el único método que podía esclarecer el tema era la fotografía y se lo encargó a Muybridge.

 

El fotógrafo inglés comenzó con su trabajo en el Hipódromo de Sacramento, pero sus intentos no llegaron a ningún fin. Hay que pensar que en aquellos años la tecnología de la fotografía no es comparable con la de después y mucho menos con la de hoy en día que las cámaras más sencillas con luz son capaces de logran instantáneas con tiempos de obturación muy rápidos y conseguir fácilmente muchas secuencias. Si el caballo encima del salto lo hace a bastante velocidad, cómo ello no va estar aumentado en las carreras.

 

Leemos que en su intento Muybridge utilizó sábanas blancas como fondo para resaltar la silueta de caballo, lo que hace pensar que estudió bien el tema y realizó grandes esfuerzos; aun así, como henos comentado, no consiguió su fin.

 

El célebre fotógrafo dejó este estudio durante un año, pero después volvió al mismo. Y ya en la segunda vez consiguió negativos que daban la razón a los que pensaban que había un tiempo de no contacto del caballo. En esta ocasión definitiva utilizó un obturador mecánico que fue de su invención pues era bien consciente que el primero que había usado, como ya hemos expuesto, carecía de la velocidad suficiente. Dicen que el tiempo con el que trabajó fue de 1/500 de segundos, algo que hoy logra cualquier máquina convencional.

 

Impresionante estudio del fotógrafo inglés que mostraba a la yegua de carreras SALLIE GARDNER (había participado en el Derby de Kentucky), logrando una serie de fotos espectaculares que demostraban la teoría de Stanford.

   

Posteriormente, una revista publicó unas fotos del inglés del caballo a paso y al trote, y proponía que dichas instantáneas las llevarán a un zootropo (muy en boga en aquellos tiempos) para que sufrieran la suposición del movimiento. Muybridge leyó el artículo publicado de forma atenta y pensó que mediante la proyección se podían mejorar las imágenes y lo consiguió con la invención del zoopraxicopio que utilizaba discos de cristal giratorios en una rápida sucesión para dar la impresión de movimiento mejorando las imágenes;  y, de tal forma, creó el primer proyector.

 

Tema de sumo interés que demuestra evidentemente el aporte de los estudiosos utilizando técnicas novedosas para su época pero atrasadas en la actualidad. Si bien es cierto, que de estos estudios se beneficia la nueva tecnología ya que la misma es una cuestión de continuidad. Ejemplos hay muchos en la humanidad pero tal vez los más sonados y los que mejor se conozcan sean los del siglo XV de Leonardo da Vinci. No sólo el triunfo de los estudios está en los conocimientos sino en el trabajo casi obsesivo y la observación.

 

Todo ello, nos puede hacer pensar en el despreció a los sentidos del hombre; pero no es así, pues sobre todo nuestra vista y nuestra observación es fundamental para los estudios. El ojo del hombre es de una gran resolución, de hecho el zootropo se basa  en los efectos retinianos con la interpretación de nuestro cerebro del movimiento como real. Un cerebro humano que se piensa que es más resolutivo que cualquier ordenador y que tiene más conexiones.

 

En contra se puede abogar sobre que el ojo humano no es capaz de captar lo que algunas máquinas consiguen en el deporte como el ojo de halcón o las tecnologías que se proponen en el fútbol para mejorar las decisiones arbitrales. Ello, también es cierto, y a buen seguro la tecnología se tiene que complementar con la capacidad humana.

 

Utilizado para este artículo el de Wikipedia y otras lecturas

 

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