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La escalada causada por el Coranovirus comienza en España como en otros muchos países.

 

En España va a ser por Fases. No vamos a entrar si está bien hecha o no. Las opiniones son muy diversas y dispares.

 

Las concurrencias en el día de hoy en el Parlamento han sido poco agradables en cuanto a los adjetivos que unos parlamentarios han vertido sobre otros.  Un Parlamento muy deshabitado pero con los sueldos en permanencia aunque algunos (muchos) no trabajan. El descontento de la oposición es evidente al igual que las amenazas de algún grupo que ha apoyado al Gobierno. Comprensiblemente el mismo defiende su gestión. Es posible que todos ellos traten lo mejor para sus ciudadanos, pero no parece en absoluto que los calificativos que se propinan consigan nada sino tristemente dar una mala imagen.

 

¡Una mala imagen en un problema sanitario gravísimo y con unos problemas que ya han llegado y aumentarán de una forma terrorífica. Un problema sanitario de dimensiones impensables  apocalípticas y unos problemas económicos que a muchos españoles les están dejando sin sueldo y hasta teniendo que recurrir a organizaciones de dispensa gratuita de alimentos!.

 

No podemos dejar de decir que el que algunos se hayan querido enriquecer a base de comisiones desorbitadas con este gravísimo problema humanitario no es actuar solo desaprensivamente sino de una manera muy repugnante.

 

Parece que todo se arregla con los aplausos que todos los días a las 8 de la tarde se dedican fundamentalmente a los sanitarios. Es de muy de agradecer y signo de bonita solidaridad, pero tienen que ir acompañados de los recursos de protección que ellos siempre deben tener (han llegado a usar mascarillas que les han contagiado y se les ha realizado test sin la fiabilidad pertinente) . El número de fallecidos y contagiados entre los sanitarios es de escándalo. Ellos son los mayores guerreros contra el virus. Y ello hace que se haga el símil de ir a una guerra con los soldados sin protección o enfermos.

 

La solución no deja de pasar por test masivos y en la desescalada también un comportamiento cívico cumpliendo escrupulosamente las normas anticontagio que oficialmente se nos indican.

 

Dijimos que ante el desconfinamiento y su puesta en marcha no queríamos opinar, pero caemos en la tentación de decir que no entendemos bien ese concepto de que se recomiendan las mascarillas pero no son obligatorias aunque tal vez la explicación esté en la defensa a los responsables que no se las ponen o puede ser que son conscientes de que de momento no hay para todos.

 

El número de fallecidos y contagiados entre la ciudadanía varía de una forma espectacular según el medio que se lea o escuche. Una variación no muy grande es entendible, pero unas diferencias tan tremendamente ostensibles a cualquiera le hacen dudar en gran manera y tener mucha desconfianza. Es evidente que la gran mayoría de los españoles quieren saber la verdad. Saber lo que está ocurriendo en esta terrible pandemia que nos asola sin necesidad de alarmar más de lo que ella misma con sus consecuencias ya nos alarma. El decir  tratar de informar evitando el desasosiego es algo no muy comprensible cuando la información es muy extensiva todos los días, aunque se dice que manipulada ideológicamente.

 

La acusación más repetida no es ir contra el Estado de Alarma sino parecer más bien un Estado de Excepción que recorta libertades y se usa no solo para combatir el virus sino para medidas absolutistas que nada tienen que ver. Y no lo decimos nosotros, lo dicen muchos medios. Nosotros solo decimos, al respecto, que es un tema muy complejo y preocupante.

 

Hay un sentimiento generalizado de que la democracia está sufriendo un duro revés con el tema del Coranovirus, fundamentalmente porque se quiere acallar a los que opinan de manera diferente a la que se quiere que se haga. Clara ausencia de libertad que ya tristemente se vio el siglo pasado en algunos países y también en éste, acompañada de muertes, encarcelamientos, campos de concentración, desastre económico, privación de los más básico... Si la falta de libertad de expresión ya ha ocurrido a nivel ecuestre, con la no mucha repercusión que tiene, ¿cómo no va a ocurrir a nivel general?. Y en ambas no pasa nada. Tenemos que defender nuestra democracia que en España se ha conseguido en los últimos años, siendo el periodo más próspero y ejemplo de muchos países muy democráticos.

 

 Solo la vacuna nos volverá a tener las costumbres de antes. Los tratamientos definitivos solucionarán los problemas gravísimos que lleva la enfermedad cuando está instaurada, pero no evitan el contagio ni la propagación del virus de una forma total.

 

Asimismo, en lo ecuestre. ¿Quién nos iba a decir hace escaso tiempo qué se iba a montar a caballo con mascarilla, guardar distancias, competiciones con muy poco público o a puerta cerrada, no poder felicitar al que gana dándole la mano o un abrazo…?.

  

De todas formas, nos acostumbraremos. La capacidad del ser humano de adaptarse a unas condiciones tremendas son indudables. Unas condiciones que si antes las sospechábamos nos parecerían impensables e insoportables. Pero es así, lo vemos en tantas personas discapacitadas en silla de ruedas que aceptan su condición y se alteran por algo de muchísima menor importancia. Lo hemos visto también en esta pandemia con una mayoría que ha aceptado muy bien la incómoda pero absolutamente necesaria necesidad de quedarse en su domicilio.

 

Es cierto que esta última premisa crea problemas psicológicos en algunos, pero no todos padecen el confinamiento de la misma manera (las casas no son iguales en dimensión, algunas tienen terrazas o jardines, algunos hasta pasan la cuarentena en fincas…). No obstante, la salud es lo primero, y además si no se cumple el confinamiento la pandemia es seguro que se recrudecerá y se volverá al mismo casi seguro por más tiempo.

 

Dicen también que seremos diferentes después de padecer esta pandemia. No es seguro, pues el ser humano tiende a olvidar lo malo que le ha ocurrido.

 

La vacunación será la única forma de volver a la normalidad de antes. Sin embargo, los test ayudan mucho y son necesarios pero insuficientes, pues ya se sabe que puede haber anticuerpos no en número necesario para controlar el virus. En esto último hay que ser optimista pues los que han tenido la enfermedad de forma grave y durante bastante tiempo es casi seguro que tengan anticuerpos suficientes (bastante han tenido). Igualmente hay que serlo con el decir que los anticuerpos no durarán mucho tiempo, y al respecto yo soy de la opinión de que durarán hasta que la vacuna esté comercializada.

 

La situación ecuestre va a cambiar. El quejarse no sirve de nada y hay que tener una actitud positiva y adaptarse a las circunstancias que nos ha tocado con la mejor cara.

 

Tiempo va a haber mucho sobre todo para los competidores y se puede usar en dedicar más tiempo a entrenar caballos jóvenes, a los que son criadores dedicarse más a atender sus yeguadas, a que los caballos enteros mientras no compitan inseminen más naturalmente...

 

El que se hayan pospuesto los JJ.OO para 2021, hay que verlo en el sentido positivo de que habrá algunos caballos que no estarían en condiciones de hacerlo en este 2020 y sí posiblemente el año que viene.

 

No obstante las críticas negativas pueden ser beneficiosas, sobre todo porque pueden hacer que se rectifique ante lo no bien hecho. Y son además un control al poder. Pero siempre hechas con veracidad comprobada, sin insultos, sin intromisiones en la privacidad... La falta de autocrítica, por el contrario, es nefasta pues es no querer ver la realidad remarcando lo bien efectuado aunque no haya sido correcto, y posibilita caer otra vez en el error y no solucionarlo.

 

No parece nada conveniente tirar la toalla y dejar de invertir (si se puede), y buscar formas diferentes de rédito económico y deportivo.

 

¡Tenemos necesidad imperativa de cambiar!

 

José Mª Padeira, médico

 

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