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No se puede poner en duda que las importantes revueltas de los "chalecos amarillos" en Francia han acaparado mucho interés informativo y lógica preocupación.

 

El presidente de la República, Emmanuel Macron, se ha visto desbordado. Y consecuentemente ha tenido que asumir ciertas cosas que pocos días antes no estaban en su proceder. Tal vez se enrocó en unas ideas, sin querer reconocer que a tantos no les gustaban. Posiblemente ya haya sido su cambio un poco tarde, y no le sirvan sus anunciadas propuestas. Dicen que el movimiento de los “gilets jaunes” es carente de ideología, componiéndolo personas de pensamientos totalmente contrapuestos.

 

En España también en alguna importante Autonomía ha habido significadas revueltas. Pero en ellas la ideología política es existente y es clarísimo que va en el mismo sentido. Gran parte de la ciudadanía se ve por tanto incompensiblemente afectada y el presidente del Gobierno parece que va a actuar. Se da la paradoja -no nos engañemos- que será con sus socios que innumerablemente ha defendido.

 

En nuestro país asimismo ha aparecido un partido, que antes no tenía representación parlamentaria. No queremos defender las ideas que propone (no es nuestra función), pero no se puede echar en saco roto su ascenso y llave política. Se dice, y es lo importante, que se debe al hartazgo, desafecto, abusos, permisividad, desigualdad, clientelismo, no acatar las leyes... que muchos ven. El único argumento que se usa para denostarles es la descalificación acompañada de lo no cierto, pero no ser conscientes de la realidad con lo anteriormente citado, tristemente o no, es casi seguro que cree un efecto boomerang y les alce aún más.

 

¿Es ello extrapolable a la equitación española?. Para nada en ella existe la más mínima violencia ni llamada a la misma ni actos vandálicos. Pero el descontento es evidente. Las rectificaciones igualmente ya están existiendo (posiblemente también algo tarde). Ante unos resultados no idóneos hay que tener autocrítica y humildad. Los cambios en personas son pues totalmente comprensibles, si bien tienen que ir encaminados al meollo de la cuestión, y no buscar cabezas de turco.

 

Claramente el tema tiene solución dado que hay dirigentes de nuestro deporte con incuestionables formas éticas unidas a grandes conocimientos. No obstante -todos no- hay poca unión con el sentir y día a día de la mayoría. No parece muy entendible no pensar con la mayoría sino con unos malos compañeros de viaje.

 

Puede venir a cuento -perdón por extendernos- la fábula de la rana y el escorpión que dice más o menos: un escorpión pide a una rana que le ayude a cruzar un río prometiendo no hacerle daño alguno. La rana acepta subiéndole a sus espaldas, pero a mitad del trayecto la pica. Y le pregunta cómo has podido actuar así, pues ahora moriremos los dos. Y respondió es mi naturaleza.

 

 

 

 

 

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