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El deporte en general se ha ensalzado en todos los tiempos. Ya lo fue mucho en la época griega antes de Jesucristo. Las cualidades son tantas y no hay que repetirlas pues bien se sabe. El deporte con équidos igualmente.

 

El ser humano es devoto del deporte  porque va en su manera de ser de forma inherente. Unos triunfan y otros no. El triunfo en la mayor parte de las veces no sólo obedece a unas condiciones físicas excepcionales sino a un intelecto preciso. Nos acordamos al respecto de la frase romana del siglo II, “Mens sana in corpore sano”.

 

El hombre gusta del deporte y convierte al que gana en un ídolo (lo vemos constantemente) y también le gusta querer practicarlo no sólo por sus muchos beneficios sino por esa vanidad que todos tenemos. El esfuerzo y la constancia del entrenamiento suponen un valor sobreañadido.

 

Se alaba, como decimos, pero se reniega fuertemente cuando se ve y se demuestra que los triunfos se han conseguido con ventajismos indeseables. El ejemplo más claro ahora lo tenemos en los casos de dopaje en que se usan sustancias  prohibidas para mejorar el rendimiento,  que suponen la eliminación inmediata y en la mayor parte de las ocasiones acarrean sanciones importantes; y muchas veces, también, va unido al lucro y negocio económico.

 

Triste muy triste- sí- es hacer lo que coloquialmente se llaman trampas. En el completo español, se ha hecho referencia a ello, y la gente comprensiblemente lo comenta mucho tanto en las conversaciones como en los medios informativos o en las redes sociales. Esperamos y deseamos que no sea motivo de comentarios por llegar hasta los tribunales. Las disculpas son de agradecer, implican arrepentimiento y confirman que ha existido (el fin jamás justifica los medios), pero no descargan totalmente el hecho en que no se puede mirar para otro lado como si no hubiera pasado nada, pues ha ocurrido algo de suma  gravedad. El tema fue que participantes dieron antes de la prueba saltos del cross de la misma, lo que tenía que haber sido causa sin paliativos de no dejarles competir. El director de la disciplina influyó en su totalitarismo para que los responsables no hicieran que se cumpliera el reglamento, y no sólo es culpa del mismo sino también de los que se doblegaron a su propuesta y no cumplieron sus importantes funciones. No nos engañemos, la rectificación ha sido por la alarma que había creado y por el denunciante decir que tenía que ir al Tribunal de Disciplina de la RFHE, algo que nunca le había ocurrido a un dirigente federativo, y consecuentemente su puesto y salario quedaba totalmente comprometido. No parece nada lógico que a unos jinetes de doma por una irregularidad hotelera, sí se les llevará a dicho tribunal y el mismo los sancionara a no montar durante 2 meses (sentencia que luego fue suspendida cautelarmente por la justicia de CSD); indudablemente doble rasero y defensa de una amigo sin justificación coherente. El incumplmiento del reglamento en la disciplina es algo que en los últimos cuatro años ha existido muchas veces y nunca ha pasado nada hasta ahora, y alguna vez también en salto. Tanto se ha tensado la cuerda que ha terminado casi romipéndose y de seguir con la misma idelogía a buen seguro se romperá totalmente.

 

No es en absoluto nada comprensible que un director técnico marque la ideología de forma unilateral, pues la misma corresponde al Presidente de la RFHE y a su Junta Directiva, y menos aun cuando es totalmente contraria a las ideas que tienen y promulgan.

 

 

Lerer nota imnformativa al respecto de la RFHE

 

Triste es (otra vez) que de la disciplina olímpica española no se hable por su aumento de participantes (es pequeña) o por los triunfos sino por este desafortunado episodio reciente. Es algo así como la lucha de David contra el gigante filisteo Goliat, desde el punto de vista de lo pequeño contra lo grande.

 

 

La familia del completo por ello sufre. Es prácticamente indefendible. Unos callan por miedo a las amenazas, otros por amiguismo y algunos tratan de defenderlo -qué mala imagen- pues piensan que de ello se pueden lucrar.

 

El deporte muchas veces crea violencia y se usa como arma política. La violencia no ha llegado al completo español, pero sí el enfrentamiento y la ideas políticas, que son estas últimas la causa primordial de la defensa de las citadas ilegalidades indefendibles.

 

El deporte en general, por supuesto el ecuestre en todas sus disciplinas, tiene que caminar haciendo que se cumplan los preceptivos reglamentos y se produzcan unos resultados justos. Si no es así pierde su esencia y crediblidad, y los responsables de los mismos deben tratar siempre de una supervivencia dentro de los cánones de la limpieza deportiva.

 

 

 

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